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Guardado durante 306 años entre los gruesos muros del convento de clausura del Carmen Bajo de Quito, un pesebre de unas 500 piezas hechas en el siglo XVIII se ha convertido en una de las principales atracciones en la capital y en el pretexto para un acercamiento a la vida contemplativa de las carmelitas.
Guardado durante 306 años entre los gruesos muros del convento de clausura del Carmen Bajo de Quito, un pesebre de unas 500 piezas hechas en el siglo XVIII se ha convertido en una de las principales atracciones en la capital y en el pretexto para un acercamiento a la vida contemplativa de las carmelitas.
Filename: Pesebre.jpg
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